Infección sin anticuerpos y anticuerpos sin infección.
Aunque se presume que todos los sujetos infectados por el VIH desarrollan anticuerpos como respuesta a la infección, se han descrito casos, desde la comercialización de los primeros ELISA de detección de anticuerpos, de sujetos en los que a pesar de aislarse el virus no se podía demostrar una positividad de anticuerpos e igualmente se ha documentado casos de infección a partir de la recepción de donaciones de sangre procedente de sujetos seronegativos. Algunos de estos casos se han explicado por errores técnicos o por el empleo de pruebas de escasa sensibilidad; sin embargo en otros casos la presencia de anticuerpos se ha excluido de un modo definitivo por lo que a pesar de que el diagnóstico de laboratorio se basa básicamente en la detección de anticuerpos específicos es posible la presencia de verdaderas infecciones por el VIH sin que sea posible demostrar la seroconversión por los procedimientos rutinarios.
La presencia de infección sin anticuerpos específicos puede obedecer a la incapacidad del sujeto para producir anticuerpos y también a la variabilidad genética del VIH. En este sentido se puede recordar la dificultad inicial para el diagnóstico de la infección por el subtipo O o más recientemente por el subtipo N o la ausencia de producción de anticuerpos en situaciones de hipogammaglobulinemia.
En estos casos es necesario recurrir al diagnóstico directo bien mediante cultivo, detección de antígeno o técnicas de detección de ácidos nucleicos, si bien todas ellas pueden plantear problemas que en algunos casos harán imposible el diagnóstico de laboratorio de la infección. En la actualidad las pruebas que determinan la presencia de genoma viral deben considerarse como el mejor recurso en el diagnóstico de las infecciones silentes del VIH (ver causas de falsos negativos de la PCR).
La situación opuesta la encontramos en los sujetos que presentan inmunidad específica frente al VIH-1 y que sin embargo no están infectados o la presencia del virus no se puede objetivar mediante los métodos de diagnóstico directos. Se ha descrito fundamentalmente en parejas serodiscordantes de heterosexuales y en receptores de transfusiones y para algunos autores es el reflejo de una transmisión pasiva de anticuerpos similar a la que ocurre entre la madre y el recién nacido, en la que solo un porcentaje de los hijos cercano al 20% desarrollan una verdadera infección a pesar de presentar todos positividad a la detección de anticuerpos específicos. En estos casos existe una verdadera positividad en las pruebas de cribado y confirmación que con posterioridad negativizan sin obedecer a una serorreversión que traduzca la incapacidad de mantener una respuesta sostenida de anticuerpos.
Casos diferentes lo constituyen los falsos positivos de las técnicas de cribado que evidentemente no se confirman por WB. También se ha propuesto que la exposición a ciertas cepas defectivas del VIH-1 pudiera ser la causa de una respuesta parcial de anticuerpos frente a determinados antígenos del virus e incluso en algunos casos reflejar la erradicación del virus por el propio organismo.